VIOLENCIA EN LA PAREJA
No toda la violencia deja marcas visibles

Las formas de violencia

 

La violencia dentro de una relación no se limita a las agresiones físicas. Puede aparecer de manera evidente, pero también instalarse progresivamente mediante comportamientos que terminan afectando a la libertad, la seguridad, la autoestima y la capacidad de decisión de la persona.

Por eso el gráfico muestra distintas formas de violencia. Pueden aparecer por separado, aunque con frecuencia se combinan y se refuerzan entre sí.

 

Violencia psicológica

Humillar, despreciar, amenazar, intimidar, culpabilizar, manipular o utilizar el silencio como castigo también son formas de ejercer poder sobre otra persona.

Cuando estas conductas se mantienen en el tiempo pueden conseguir que la persona empiece a dudar de su propia percepción, justificar lo injustificable o sentirse responsable del comportamiento de quien la agrede.

 

Violencia física

No empieza necesariamente con una agresión grave.

Empujar, agarrar, bloquear una puerta para impedir que alguien salga, lanzar objetos, golpear paredes para intimidar o utilizar físicamente el cuerpo para generar miedo también deben ser reconocidos como comportamientos violentos.

 

Violencia económica

El dinero puede convertirse en una herramienta de control.

Impedir trabajar, apropiarse de los ingresos, exigir explicaciones constantes sobre cada gasto, generar deudas, ocultar información económica o limitar deliberadamente el acceso a recursos puede reducir progresivamente la autonomía de la otra persona.

Y esto tiene una consecuencia especialmente importante: la dependencia económica puede dificultar enormemente abandonar una relación.

 

Violencia sexual

Estar dentro de una relación no elimina el consentimiento.

Presionar, insistir, amenazar, culpabilizar o utilizar el miedo para conseguir relaciones o prácticas sexuales que la otra persona no desea supone vulnerar sus límites y su libertad sexual.

 

Violencia digital

El control también puede entrar en el teléfono.

Exigir contraseñas, revisar conversaciones, controlar permanentemente la ubicación, vigilar redes sociales, suplantar identidades o utilizar la tecnología para acosar no son muestras de amor ni de preocupación.

Controlar no es cuidar.

 

Violencia social

El aislamiento puede producirse lentamente.

Conflictos constantes con familiares y amistades, críticas hacia las personas del entorno, impedir determinados encuentros o conseguir que relacionarse con otros termine provocando tantos problemas que la persona deje de hacerlo.

Cuando desaparece la red de apoyo, también aumenta la dependencia respecto a quien ejerce el control.

 

Violencia patrimonial

Destruir objetos importantes, esconder documentación, retener pertenencias, apropiarse de bienes o utilizar el patrimonio como forma de amenaza también puede formar parte de una dinámica de violencia.

No se trata únicamente del valor económico del objeto. A veces el objetivo es transmitir un mensaje mucho más profundo:

«Puedo decidir sobre aquello que es tuyo.»

 

Control coercitivo

Y esta es una de las ideas más importantes del gráfico.

A veces no existe una única conducta que explique por sí sola lo que está ocurriendo. Existe un patrón continuado de control, vigilancia, restricciones, intimidación y pérdida de autonomía.

La persona empieza a modificar su comportamiento para evitar conflictos: qué dice, con quién habla, dónde va, cómo se viste, qué compra o qué decisiones toma.

 

Hasta que llega un momento en el que puede parecer que conserva libertad, pero gran parte de su vida está organizada alrededor de evitar la reacción de la otra persona.

No depende del sexo de quien lo sufre

 

Estas conductas deben poder ser identificadas cuando aparecen en una relación entre un hombre y una mujer, entre dos hombres o entre dos mujeres, y también cuando quien las ejerce es una mujer y quien las sufre es un hombre.

 

 

Pero desde el punto de vista del acompañamiento hay una idea que quiero dejar muy clara:

No necesitamos esperar a que exista un golpe para reconocer que una relación está haciendo daño.

 

NO TODO LO QUE TE DESTRUYE TE TOCA.

Hay violencias que dejan marcas en el cuerpo.

Y otras que consiguen algo mucho más silencioso: que poco a poco dejes de reconocerte a ti mismo/a.

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La violencia no empieza necesariamente con un golpe.
A veces empieza cuando comienzas a medir tus palabras, justificar comportamientos que te hacen daño, renunciar a tu autonomía o vivir pendiente de cómo reaccionará la otra persona.

Puede producirse en relaciones entre un hombre y una mujer, entre dos mujeres o entre dos hombres. Y también puede existir violencia ejercida por una mujer hacia un hombre.

 

Todas estas situaciones merecen ser reconocidas y atendidas, aunque su consideración jurídica no sea necesariamente la misma.

Eso nos permite ser inclusivos sin mezclar conceptos legales diferentes.

Violencia de género: no confundamos términos

 

En España, “violencia de género” tiene un significado jurídico específico vinculado a la violencia ejercida por un hombre contra una mujer que sea o haya sido su pareja en los términos establecidos legalmente.

 

Eso significa que no toda violencia dentro de una pareja recibe jurídicamente la denominación de violencia de género, aunque pueda existir maltrato grave y necesite protección e intervención.

Esta distinción es importantísima.

 

Porque podemos decir simultáneamente:

No todas las violencias de pareja son jurídicamente violencia de género.
Pero ninguna víctima debería pensar que su sufrimiento importa menos por no encajar en esa denominación.

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