Adicciones
No empiezas consumiendo para destruirte.

Muchas veces empiezas intentando soportar algo.

Es conseguir que vuelvas a pertenecerte.

EL CICLO QUE MANTIENE UNA ADICCIÓN

 

Una adicción no suele mantenerse únicamente por el placer que produce una sustancia o una conducta. Con frecuencia se mantiene porque, durante un tiempo, cumple una función: aliviar, desconectar, calmar, evitar, estimular o hacer soportable algo que resulta difícil gestionar de otra manera.

 

MALESTAR → NECESIDAD → CONSUMO/CONDUCTA → ALIVIO → CONSECUENCIAS → CULPA → MALESTAR

 

El ciclo puede comenzar con ansiedad, vacío, estrés, soledad, frustración, aburrimiento o cualquier otro malestar. Aparece entonces la necesidad de modificar rápidamente ese estado y el consumo —o la conducta adictiva— ofrece una respuesta inmediata.

 

Y ahí está una de las claves: el alivio funciona. Aunque sea breve.

 

Durante unos minutos u horas disminuye el malestar, y el cerebro aprende una asociación poderosa: «cuando me siento así, esto me ayuda». La repetición fortalece ese aprendizaje y hace que recurrir al consumo o a la conducta resulte cada vez más automático.

 

Después llegan las consecuencias: conflictos, pérdida de control, problemas económicos, laborales o familiares, deterioro físico y emocional, aislamiento, vergüenza o culpa. Y esas consecuencias generan nuevo malestar.

El mismo malestar del que la persona intentaba escapar.

Por eso el ciclo vuelve a empezar.

 

La clave terapéutica

 

Romper una adicción no consiste solamente en eliminar el consumo.

Implica comprender qué función estaba cumpliendo, identificar qué activa la necesidad y construir recursos capaces de responder de otra manera a aquello que antes se intentaba anestesiar, evitar o compensar.

No trabajamos únicamente sobre lo que consumes.
Trabajamos sobre aquello que hace que lo necesites.

Y desde ahí:

COMPRENDER · RECONSTRUIR · VIVIR

¿DE QUÉ ADICCIONES HABLAMOS?

 

Cuando hablamos de adicción, no hablamos únicamente de determinadas drogas ni de una cantidad concreta de consumo.

Hablamos de una relación con una sustancia o una conducta que progresivamente empieza a ocupar demasiado espacio, condicionando decisiones, emociones, relaciones, economía, salud o vida cotidiana.

Puede adoptar formas muy diferentes.

 

ALCOHOL
Una sustancia completamente normalizada socialmente puede convertirse en un problema cuando beber deja de ser una elección y empieza a utilizarse para relajarse, dormir, relacionarse, desconectar o soportar determinadas emociones.

 

COCAÍNA Y OTROS ESTIMULANTES
La sensación inicial de energía, seguridad, rendimiento o euforia puede dar paso a ansiedad, irritabilidad, vacío, dificultades económicas y una necesidad creciente de repetir el consumo para recuperar ese estado.

 

CANNABIS
Que una sustancia esté socialmente normalizada no significa que su consumo sea siempre inocuo. Puede convertirse en una forma habitual de desconectar, dormir, reducir el malestar o evitar determinadas emociones y situaciones.

 

PSICOFÁRMACOS
Algunos medicamentos pueden generar problemas cuando se utilizan fuera de la pauta médica, se incrementan las dosis sin supervisión o comienzan a funcionar como una vía habitual para afrontar ansiedad, insomnio, angustia u otros estados emocionales. Un tratamiento correctamente indicado no debe confundirse con una adicción.

 

JUEGO Y APUESTAS
No hace falta consumir una sustancia para desarrollar una adicción. La anticipación, el riesgo, la recompensa y la necesidad de recuperar lo perdido pueden alimentar un ciclo que termine afectando profundamente a la economía, las relaciones y la salud emocional.

 

OTRAS CONDUCTAS ADICTIVAS
Determinadas conductas pueden pasar progresivamente del placer o el entretenimiento a convertirse en comportamientos difíciles de controlar. Más que etiquetar cualquier conducta repetitiva como «adicción», es importante valorar la pérdida de control, su función y las consecuencias que está provocando.

 

¿Cuándo empieza a ser un problema?

 

La pregunta no es únicamente «¿cuánto consumes?».

También necesitamos preguntarnos:

¿Puedes decidir libremente cuándo parar?
¿Qué ocurre cuando intentas no hacerlo?
¿Qué función cumple en tu vida?
¿Qué estás perdiendo para poder mantenerlo?

Porque dos personas pueden realizar aparentemente la misma conducta y mantener con ella una relación completamente diferente.

La clave

Por eso, en CC360 no quiero quedarme únicamente en identificar qué consumes o qué haces.

Quiero comprender para qué lo necesitas.

No es solo el QUÉ.
Es el PARA QUÉ.

CÓMO LO TRABAJAREMOS

 

Trabajar una adicción no consiste únicamente en conseguir que una persona deje de consumir o abandone una conducta. Si eliminamos aquello que estaba utilizando para regularse, pero no comprendemos qué función cumplía ni construimos alternativas, dejamos intacta una parte fundamental del problema.

Por eso el trabajo se estructura en tres etapas que forman parte del enfoque CC360:

 

01 · COMPRENDER

Antes de intentar cambiar una conducta necesitamos entenderla.

Analizamos qué función ha adquirido el consumo o la conducta en tu vida, cuándo aparece la necesidad, qué la desencadena y qué ocurre emocionalmente antes, durante y después.

Exploramos patrones de consumo, situaciones de riesgo, pensamientos, emociones, contexto personal y relacional, así como aquellas experiencias o necesidades que pueden estar contribuyendo a mantener el ciclo.

No se trata de buscar culpables ni de reducir toda tu historia a una adicción.

Se trata de poder responder a una pregunta esencial:

¿Qué estaba intentando resolver, aliviar, evitar o soportar a través de esto?

Porque cuando comprendemos el mecanismo, dejamos de luchar únicamente contra el síntoma.

 

02 · RECONSTRUIR

Comprender es el comienzo. Después necesitamos construir alternativas.

Trabajamos aquellos recursos que permitirán que el consumo o la conducta dejen de ser la única respuesta disponible ante el malestar.

Regulación emocional, autoestima, diálogo interno, manejo del estrés, límites, relaciones, hábitos, estructura cotidiana, autonomía, identificación de desencadenantes y prevención de recaídas forman parte de este proceso.

También aprendemos a reconocer las señales que preceden a una posible recaída y desarrollamos estrategias concretas para intervenir antes de llegar al punto de pérdida de control.

El objetivo no es vivir permanentemente resistiendo una tentación.

Es conseguir que cada vez necesites menos aquello que antes parecía imprescindible.

 

03 · VIVIR

Dejar una sustancia o una conducta puede ser un objetivo importante, pero no puede convertirse en todo el proyecto de vida.

La recuperación también implica recuperar decisiones, relaciones, proyectos, rutinas, confianza, autonomía y espacios que quizá fueron desapareciendo mientras la adicción ocupaba cada vez más terreno.

Por eso esta última etapa mira hacia delante.

No buscamos construir una vida organizada alrededor de «no consumir».

Buscamos construir una vida suficientemente significativa como para que la adicción deje de ocupar el centro.

 

 

No quiero ayudarte únicamente a dejar aquello que te está haciendo daño.


Quiero ayudarte a comprender por qué llegó a ser necesario, reconstruir lo que había detrás y conseguir que recuperar tu vida sea mucho más que dejar algo atrás.

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